16/5/2005
Parece que el nuevo Papa no es del agrado de todas y todos. Se lamentan, curiosamente, de su dogmatismo pero, aunque su significado se asocia a carencia de critica, dentro de la Neoescolástica, se da el nombre de dogmatismo a lo que algunos llaman teoría de las verdades fundamentales. Neoescolástica es la escuela en la que se inscribe, dentro de la racionalidad teológica, Benedicto XVI.
Escolástica se deriva etimológicamente de schola, scholasticus (escuela, maestro). Es filosofía, racionalidad que sirve a la teología, es decir, en última instancia, a la fe. Es tarea de Escuela: "respeto a la tradición, reserva ante las innovaciones precipitadas, crecimiento orgánico, conservación de un patrimonio común de contenido y método". Con relación a la novedad, lo único que ello implica es cautela. No rechazo. De hecho, su aporte más valioso a la humanidad es la creación de la Universidad, durante los siglos XII y XIII. Las Universidades de París y Padua, entre otras, se constituyeron en centros de aprendizaje, formación y desarrollo intelectual. Siempre caracterizan al método escolástico el planteamiento nítido de la cuestión, los conceptos claros, la argumentación lógica y la terminología sin ambigüedades. En lo personal, en ese sentido, podría ser considerado como escolástico aunque, como popperiano, no soy adicto a las discusiones de nombres.
Se considera, aproximadamente, en la historia de Occidente, que la Edad Media inicia en el siglo V o VI y que llega hasta el siglo XV. Desde el siglo VI hasta el siglo IX, mientras el cristianismo original se constituía como institución y adoptaba su naturaleza doctrinal inicial, católica, en toda esa época..., el saber...se conserva sin rigor intelectual, desordenadamente y sin distinción de disciplinas, menos aún en un cuerpo de doctrinas sistemático y congruente La Escolástica rompe con ello y se constituye en un verdadero esfuerzo racional, hito en la historia del pensamiento, impulsado, desde siempre, por la preocupación de la relación entre pensamiento racional-ciencia y fe. Su figura más representativa es Santo Tomás de Aquino.
La historia de la Escolástica se remonta al siglo IX. Desde entonces, podemos encontrar seis períodos. La preescolástica (siglo IX, Juan Escoto Eriúgena). La primitiva (siglos XI y XII, San Alsemo, Pedro Abelardo, San Alberto Magno) La clásica (siglo XIII, Santo Tomás de Aquino). La tardía (siglos XIV y XV). La moderna o neoescolástica (siglo XVIII, Encíclica Aeterni Patris de León XIII, 1879) y la contemporánea (siglo XX, Encíclica Fides et Radio, 1998).
Dado que la encíclica de 1998 posee la mano doctrinal del Cardenal Ratzinger, hoy Bededicto XVI, podríamos decir que estamos al frente de un Papa filósofo, cuyo hilo doctrinal conductor expresa "llevar a la humanidad hacia el amor de Cristo". Así que, lamentarse del dogmatismo del nuevo Papa es como hacerlo, en la ciencia, del método científico.
El día anterior a su nombramiento como Papa, el aún cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio durante veinte años, en la misa por la elección del romano pontífice, llamaba a la necesidad de conducir a los fieles hacia una fe adulta, debido a los múltiples peligros que, según él, es decir, la Iglesia Católica, hoy pululan en demasía: "La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo." Ya en la "Fides et Radio", 1998, se habían mencionado el nihilismo, el pragmatismo, el eclecticismo, el agnoticismo y el relativismo, cientifismo, historicismo, modernismo, postmodernismo, marxismo, fideísmo, positivismo y neopositivismo, así como el ontologismo
"Cada día nacen nuevas sectas", reconoció el 11 de abril de este año. "Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar "zarandear por cualquier viento de doctrina", parece ser la única actitud que está de moda"."Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas". A inicios de 1999, originalmente publicado como artículo de opinión en el Semanario Universidad, ya me referí a la pretensión de la " Encíclica Fides et Radio" de aparecer como original cuando no era más que una actualización de la " Aeterni Patris" de 1879.
Cual condena eterna, desde 1998 quedé sentado en varios de los banquillos de acusados por los presuntos excesos señalados por la Autoridad Papal. Como si fuera una historia de nunca acabar, desde aquellos años, inicié mi acercamiento al movimiento transhumanista, al cual hoy adhiero por completo y que, por aquello de las consecuencias -del Vaticano y mías, terminó siendo también denunciado como una más de aquellas doctrinas Por supuesto que para nada me preocupa esa estela de condena papal que, en el fondo, en realidad, casi termina de enaltecer.
Lo bueno, sin embargo, es que el dogmatismo papal exigirá consecuencia a las y los católicos. Y eso me alegra. De esa forma, aunque no los comparta, sus principios serán lo primero y no la interpretación advenadiza que asume la vida con una franca distancia entre ética y moral. No sorprende que casi todos los indagados por actos de corrupción no dejen de señalar que dejan todo en "manos de dios", ni que burócratas de la fe hoy afronten procesos judiciales en su contra.
Si se trata de cuestión de principios, la elección del nuevo Papa es más que positiva. Su dogmatismo doctrinal exigirá que los fieles católicos cumplan con sus propios principios haciendo indeseable aquello de que una mano borra lo que escribe la otra. Ya empiezan algunas voces disonantes. Por ejemplo, Pablo Richards, heredero de la antigua teología de la liberación, ya habla de una iglesia que, desde el sur, rompa con el centralismo romano. Será interesante seguir la disputa.
Por lo pronto y por aquello de los posicionamientos estratégicos, el Papa en sus palabras de ayer, desde la ventana de su estudio, dejó claro el lazo indisoluble que existe, en la Iglesia, entre el Espíritu y la institución...La cátedra y el Espíritu son realidades íntimamente unidas, al igual que el carisma y el ministerio ordenado. Sin el Espíritu Santo, la Iglesia quedaría reducida a una organización meramente humana, bajo el peso de sus mismas estructuras. Asimismo, por su parte, el Espíritu, en los planes de Dios, se sirve habitualmente de las mediaciones humanas para actuar en la historia. Precisamente por este motivo Cristo, que constituyó su iglesia sobre el fundamento de los apóstoles unidos alrededor de Pedro, la enriqueció con el don de su Espíritu, para que a través de los siglos la consuele y la guíe hacia la verdad completa.
En lo personal, más allá de innecesarias disputas ontológicas y doctrinales, me contentaría con que todos los católicos se creyeran de verdad aquello del amor, lo de no matarás, no robarás, la paz, los derechos humanos y tantos otros valores positivos que les pueden ser asociados. Mientras eso no ocurra, seguiremos contemplando, con interés científico y verguenza ajena, esas paradojas que ofrece la vida: un país corrupto mayoritariamente de católicos y cristianos. A lo mejor, con Benedicto XVI, empiece a ser parte de la memoria aquello de Quevedo: "vuelve la cara al otro lado por dejar pasar la verdad".
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