sábado, 20 de agosto de 2005

Cuestiones de Dogma

16/5/2005


Parece que el nuevo Papa no es del agrado de todas y todos. Se lamentan, curiosamente, de su dogmatismo pero, aunque su significado se asocia a carencia de critica, dentro de la Neoescolástica, se da el nombre de dogmatismo a lo que algunos llaman teoría de las verdades fundamentales. Neoescolástica es la escuela en la que se inscribe, dentro de la racionalidad teológica, Benedicto XVI.

Escolástica se deriva etimológicamente de schola, scholasticus (escuela, maestro). Es filosofía, racionalidad que sirve a la teología, es decir, en última instancia, a la fe. Es tarea de Escuela: "respeto a la tradición, reserva ante las innovaciones precipitadas, crecimiento orgánico, conservación de un patrimonio común de contenido y método". Con relación a la novedad, lo único que ello implica es cautela. No rechazo. De hecho, su aporte más valioso a la humanidad es la creación de la Universidad, durante los siglos XII y XIII. Las Universidades de París y Padua, entre otras, se constituyeron en centros de aprendizaje, formación y desarrollo intelectual. Siempre caracterizan al método escolástico el planteamiento nítido de la cuestión, los conceptos claros, la argumentación lógica y la terminología sin ambigüedades. En lo personal, en ese sentido, podría ser considerado como escolástico aunque, como popperiano, no soy adicto a las discusiones de nombres.

Se considera, aproximadamente, en la historia de Occidente, que la Edad Media inicia en el siglo V o VI y que llega hasta el siglo XV. Desde el siglo VI hasta el siglo IX, mientras el cristianismo original se constituía como institución y adoptaba su naturaleza doctrinal inicial, católica, en toda esa época..., el saber...se conserva sin rigor intelectual, desordenadamente y sin distinción de disciplinas, menos aún en un cuerpo de doctrinas sistemático y congruente La Escolástica rompe con ello y se constituye en un verdadero esfuerzo racional, hito en la historia del pensamiento, impulsado, desde siempre, por la preocupación de la relación entre pensamiento racional-ciencia y fe. Su figura más representativa es Santo Tomás de Aquino.

La historia de la Escolástica se remonta al siglo IX. Desde entonces, podemos encontrar seis períodos. La preescolástica (siglo IX, Juan Escoto Eriúgena). La primitiva (siglos XI y XII, San Alsemo, Pedro Abelardo, San Alberto Magno) La clásica (siglo XIII, Santo Tomás de Aquino). La tardía (siglos XIV y XV). La moderna o neoescolástica (siglo XVIII, Encíclica Aeterni Patris de León XIII, 1879) y la contemporánea (siglo XX, Encíclica Fides et Radio, 1998).
Dado que la encíclica de 1998 posee la mano doctrinal del Cardenal Ratzinger, hoy Bededicto XVI, podríamos decir que estamos al frente de un Papa filósofo, cuyo hilo doctrinal conductor expresa "llevar a la humanidad hacia el amor de Cristo". Así que, lamentarse del dogmatismo del nuevo Papa es como hacerlo, en la ciencia, del método científico.

El día anterior a su nombramiento como Papa, el aún cardenal Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio durante veinte años, en la misa por la elección del romano pontífice, llamaba a la necesidad de conducir a los fieles hacia una fe adulta, debido a los múltiples peligros que, según él, es decir, la Iglesia Católica, hoy pululan en demasía: "La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo." Ya en la "Fides et Radio", 1998, se habían mencionado el nihilismo, el pragmatismo, el eclecticismo, el agnoticismo y el relativismo, cientifismo, historicismo, modernismo, postmodernismo, marxismo, fideísmo, positivismo y neopositivismo, así como el ontologismo

"Cada día nacen nuevas sectas", reconoció el 11 de abril de este año. "Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar "zarandear por cualquier viento de doctrina", parece ser la única actitud que está de moda"."Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que sólo deja como última medida el propio yo y sus ganas". A inicios de 1999, originalmente publicado como artículo de opinión en el Semanario Universidad, ya me referí a la pretensión de la " Encíclica Fides et Radio" de aparecer como original cuando no era más que una actualización de la " Aeterni Patris" de 1879.

Cual condena eterna, desde 1998 quedé sentado en varios de los banquillos de acusados por los presuntos excesos señalados por la Autoridad Papal. Como si fuera una historia de nunca acabar, desde aquellos años, inicié mi acercamiento al movimiento transhumanista, al cual hoy adhiero por completo y que, por aquello de las consecuencias -del Vaticano y mías, terminó siendo también denunciado como una más de aquellas doctrinas Por supuesto que para nada me preocupa esa estela de condena papal que, en el fondo, en realidad, casi termina de enaltecer.

Lo bueno, sin embargo, es que el dogmatismo papal exigirá consecuencia a las y los católicos. Y eso me alegra. De esa forma, aunque no los comparta, sus principios serán lo primero y no la interpretación advenadiza que asume la vida con una franca distancia entre ética y moral. No sorprende que casi todos los indagados por actos de corrupción no dejen de señalar que dejan todo en "manos de dios", ni que burócratas de la fe hoy afronten procesos judiciales en su contra.

Si se trata de cuestión de principios, la elección del nuevo Papa es más que positiva. Su dogmatismo doctrinal exigirá que los fieles católicos cumplan con sus propios principios haciendo indeseable aquello de que una mano borra lo que escribe la otra. Ya empiezan algunas voces disonantes. Por ejemplo, Pablo Richards, heredero de la antigua teología de la liberación, ya habla de una iglesia que, desde el sur, rompa con el centralismo romano. Será interesante seguir la disputa.

Por lo pronto y por aquello de los posicionamientos estratégicos, el Papa en sus palabras de ayer, desde la ventana de su estudio, dejó claro el lazo indisoluble que existe, en la Iglesia, entre el Espíritu y la institución...La cátedra y el Espíritu son realidades íntimamente unidas, al igual que el carisma y el ministerio ordenado. Sin el Espíritu Santo, la Iglesia quedaría reducida a una organización meramente humana, bajo el peso de sus mismas estructuras. Asimismo, por su parte, el Espíritu, en los planes de Dios, se sirve habitualmente de las mediaciones humanas para actuar en la historia. Precisamente por este motivo Cristo, que constituyó su iglesia sobre el fundamento de los apóstoles unidos alrededor de Pedro, la enriqueció con el don de su Espíritu, para que a través de los siglos la consuele y la guíe hacia la verdad completa.

En lo personal, más allá de innecesarias disputas ontológicas y doctrinales, me contentaría con que todos los católicos se creyeran de verdad aquello del amor, lo de no matarás, no robarás, la paz, los derechos humanos y tantos otros valores positivos que les pueden ser asociados. Mientras eso no ocurra, seguiremos contemplando, con interés científico y verguenza ajena, esas paradojas que ofrece la vida: un país corrupto mayoritariamente de católicos y cristianos. A lo mejor, con Benedicto XVI, empiece a ser parte de la memoria aquello de Quevedo: "vuelve la cara al otro lado por dejar pasar la verdad".

domingo, 24 de abril de 2005

Fides et Radio

Publicado originalmente en El Semanario Universidad, San José. Edición del 10 al 16 de marzo, 1999.
El mes de octubre de 1998 nos dejó una nueva Encíclica Papal, la "Fides et Ratio". En una reseña periodística que se publicó en aquellos días, se señaló que dentro de las "corrientes filosóficas que critica el Papa, de 78 años, están el nihilismo, el pragmatismo, el eclecticismo, el agnoticismo y el relativismo, cientifismo, historicismo, modernismo, postmodernismo, marxismo, fideísmo, positivismo y neopositivismo, así como el ontológismo". Un listado, como se observa, algo extenso.
Me pareció, en aquel momento, que algún nihilista, agnóstico, modernista, postmodernista, marxista, positivista o cua¡quier otro de los mencionados en la encíclica, saldrían a denunciar lo que quería pasar por sintesis definitiva de la historia del pensamiento a finales del siglo XX, siendo no más que un mero refrito de polémicas que en su momento habían quedado debidamente saldadas en contra de los afanes papales de entonces. Si nuestra época es la del nihilismo o postmodernismo, de acuerdo a algunos de nuestros pensadoresy escritores nacionales, de esos que pasan comentándose entre sí en las páginas de nuestros diarios, resultaba obvio esperar violentas reacciones contra la "fides et Radio". Pero no. Pasaron los meses y un silencio sepulcral inundó los espacios de opinión de nuestro país.
Me parece entonces que hay que hacer algo al respecto. Yo, que para efectos de las prejuiciosas definiciones que facilitan que surjan los enemigos, me considero cercano a más de una de las escuelas mencionadas, he dedicido romper el silencio. A lo mejor de esa manera despertaremos algún debate, solo para recordar que cultura que no polemiza termina adoctrinada.
Dicen los entendidos en estas cuestiones, que "Fides et Ratio", es la principal encíclica en el siglo XX y única, que se ocupó de las relaciones entre fe y pensamiento racional ya que, después de la derrota definitiva que la razón religiosa que la razón religiosa se lleva en el siglo XIX, estuvo claro que cada quien debía ocuparse de lo suyo (según las historias correspondientes, la última encíclica que se ocupó de estos temas fue la del 4 de agosto de 1879, "Aetemi Patris", en un esfuerzo de León XIII por revitalizar el neoatomismo". Durante todo este siglo, fue muy evidente que el pensamiento racional debía seguir en la búsqueda de acceder a mayores grados de acercamiento a verdades provisionales sobre la naturaleza y la historia y, el Papa, por supuesto, debía dedicarse exclusivamente a las cuestiones de la fe, donde lo único que prima es la decisión y aceptación personal de crer y seguir a Dios, camino que, como sabemos, termina ignorando a la propia autoridad religiosa, por innecesaria, tal como todos los creyentes protestantes lo evidencian.
La "Fides et Radio" rompió con aquel acuerdo tácito y de ahí su importancia, no para el pensaminto contemporáneo al que no aporta nada, sino para el llamado interés filosófico, que descubre, sorprendiéndose, la pretensión papal de aventurarse nuevamente en las relaciones entre pensamiento racional y religioso, reivindicando el segundo por encima del primero. Es decir, y tal como me lo recordó recientemente un amigo español, pretendiendo ser infalible, cuando a lo sumo consigue ser inefable.
Por supuesto que una crítica contra dicha encíclica llamará la atención de quienes -algunos muy confortablemente a costa del presupuesto nacional- viven de las ventajas de su lugar en la jerarquía católica oficial, no porque implique un incremento en el número de ateos, sino solamente porque podría terminar argumentando los adeptos de las distintas iglesias o grupos protestantes. En todo caso, desde nuestra perspectiva, enjuiciar la falsa aspiración de la encíclica solo tiene como propósito el de recordar que mucha agua ya ha corrido debajo del puente para dejarnos sorprender con dulce candidez, con el silencio de nuestros intelectuales complacientes.
A inicios del tercer milenio, la Iglesia ha querido reiterar los viejos dogmas católicos, poniéndolos por encima del pensamiento racional. Demasiada pretensión ahora que sabemos, por fin, que la fe es una cuestión personal que poco o nada tiene que ver con falsos afanes intelectuales. Que la autoridad católica quiera presentarse con su autodecretada divinidad no es nuestra incumbencia, ya que cada quien se forja sus propias mentiras. Que haya quienes en el mundo intelectual aún se lo crean es lo que sorprende. Demasiado despropósito para un siglo venidero que se nos anuncia derrumbando demasiados mitos, para tener que a partir de nuevo de viejas y añejas discusiones. Pero además, es como si se olvidara que el origen de la palabra inquisición se encuentra en "inquisitio haereticas pravitatis", es decir, búsqueda de la perversidad herética y no veo porque, a estas alturas, tengamos que aceptar que por la vía supuestamente racional todos, o al menos los que son (somos) citados en la Encíclica, están (estemos) condenados a un supuesto infierno que en muchos casos no (nos) se merecen (merecemos).
En todo caso, sirva la aclaración, nuestro afán no está dirigido contra la fe vivencial de millones de personas, incluyendo, por ejemplo, a mis propios padres, que hicieron de su diálogo íntimo con Dios una permanente acción en favor de la vida y la esperanza. Y nosotros, que hacemos del respeto al derecho de cada quien de elegir, pensar, sentir y hacer, una de las máximas sagradas de nuestra visión de mundo, no podemos irrrespetar una decisión que no ha pasado por la racionalidad intelectual sino solamente por la propia decisión personal.
Nuestra molestia, si cabe el término, es contra la supuesta victoria intelectual que la jerarquía eclesiástica pretende evidenciar y por supuesto, también, con cierto olfato oportunismo que se refleja en el silencio desconcertante de mucho quienes son llamados los "intelectuales costarricenses", que escriben siempre críticamente pero que en el momento decisivo optan por una ausencia calculada. ¿Con tanto timorato tendremos que enfrentar el nuevo siglo?