domingo, 24 de abril de 2005

Fides et Radio

Publicado originalmente en El Semanario Universidad, San José. Edición del 10 al 16 de marzo, 1999.
El mes de octubre de 1998 nos dejó una nueva Encíclica Papal, la "Fides et Ratio". En una reseña periodística que se publicó en aquellos días, se señaló que dentro de las "corrientes filosóficas que critica el Papa, de 78 años, están el nihilismo, el pragmatismo, el eclecticismo, el agnoticismo y el relativismo, cientifismo, historicismo, modernismo, postmodernismo, marxismo, fideísmo, positivismo y neopositivismo, así como el ontológismo". Un listado, como se observa, algo extenso.
Me pareció, en aquel momento, que algún nihilista, agnóstico, modernista, postmodernista, marxista, positivista o cua¡quier otro de los mencionados en la encíclica, saldrían a denunciar lo que quería pasar por sintesis definitiva de la historia del pensamiento a finales del siglo XX, siendo no más que un mero refrito de polémicas que en su momento habían quedado debidamente saldadas en contra de los afanes papales de entonces. Si nuestra época es la del nihilismo o postmodernismo, de acuerdo a algunos de nuestros pensadoresy escritores nacionales, de esos que pasan comentándose entre sí en las páginas de nuestros diarios, resultaba obvio esperar violentas reacciones contra la "fides et Radio". Pero no. Pasaron los meses y un silencio sepulcral inundó los espacios de opinión de nuestro país.
Me parece entonces que hay que hacer algo al respecto. Yo, que para efectos de las prejuiciosas definiciones que facilitan que surjan los enemigos, me considero cercano a más de una de las escuelas mencionadas, he dedicido romper el silencio. A lo mejor de esa manera despertaremos algún debate, solo para recordar que cultura que no polemiza termina adoctrinada.
Dicen los entendidos en estas cuestiones, que "Fides et Ratio", es la principal encíclica en el siglo XX y única, que se ocupó de las relaciones entre fe y pensamiento racional ya que, después de la derrota definitiva que la razón religiosa que la razón religiosa se lleva en el siglo XIX, estuvo claro que cada quien debía ocuparse de lo suyo (según las historias correspondientes, la última encíclica que se ocupó de estos temas fue la del 4 de agosto de 1879, "Aetemi Patris", en un esfuerzo de León XIII por revitalizar el neoatomismo". Durante todo este siglo, fue muy evidente que el pensamiento racional debía seguir en la búsqueda de acceder a mayores grados de acercamiento a verdades provisionales sobre la naturaleza y la historia y, el Papa, por supuesto, debía dedicarse exclusivamente a las cuestiones de la fe, donde lo único que prima es la decisión y aceptación personal de crer y seguir a Dios, camino que, como sabemos, termina ignorando a la propia autoridad religiosa, por innecesaria, tal como todos los creyentes protestantes lo evidencian.
La "Fides et Radio" rompió con aquel acuerdo tácito y de ahí su importancia, no para el pensaminto contemporáneo al que no aporta nada, sino para el llamado interés filosófico, que descubre, sorprendiéndose, la pretensión papal de aventurarse nuevamente en las relaciones entre pensamiento racional y religioso, reivindicando el segundo por encima del primero. Es decir, y tal como me lo recordó recientemente un amigo español, pretendiendo ser infalible, cuando a lo sumo consigue ser inefable.
Por supuesto que una crítica contra dicha encíclica llamará la atención de quienes -algunos muy confortablemente a costa del presupuesto nacional- viven de las ventajas de su lugar en la jerarquía católica oficial, no porque implique un incremento en el número de ateos, sino solamente porque podría terminar argumentando los adeptos de las distintas iglesias o grupos protestantes. En todo caso, desde nuestra perspectiva, enjuiciar la falsa aspiración de la encíclica solo tiene como propósito el de recordar que mucha agua ya ha corrido debajo del puente para dejarnos sorprender con dulce candidez, con el silencio de nuestros intelectuales complacientes.
A inicios del tercer milenio, la Iglesia ha querido reiterar los viejos dogmas católicos, poniéndolos por encima del pensamiento racional. Demasiada pretensión ahora que sabemos, por fin, que la fe es una cuestión personal que poco o nada tiene que ver con falsos afanes intelectuales. Que la autoridad católica quiera presentarse con su autodecretada divinidad no es nuestra incumbencia, ya que cada quien se forja sus propias mentiras. Que haya quienes en el mundo intelectual aún se lo crean es lo que sorprende. Demasiado despropósito para un siglo venidero que se nos anuncia derrumbando demasiados mitos, para tener que a partir de nuevo de viejas y añejas discusiones. Pero además, es como si se olvidara que el origen de la palabra inquisición se encuentra en "inquisitio haereticas pravitatis", es decir, búsqueda de la perversidad herética y no veo porque, a estas alturas, tengamos que aceptar que por la vía supuestamente racional todos, o al menos los que son (somos) citados en la Encíclica, están (estemos) condenados a un supuesto infierno que en muchos casos no (nos) se merecen (merecemos).
En todo caso, sirva la aclaración, nuestro afán no está dirigido contra la fe vivencial de millones de personas, incluyendo, por ejemplo, a mis propios padres, que hicieron de su diálogo íntimo con Dios una permanente acción en favor de la vida y la esperanza. Y nosotros, que hacemos del respeto al derecho de cada quien de elegir, pensar, sentir y hacer, una de las máximas sagradas de nuestra visión de mundo, no podemos irrrespetar una decisión que no ha pasado por la racionalidad intelectual sino solamente por la propia decisión personal.
Nuestra molestia, si cabe el término, es contra la supuesta victoria intelectual que la jerarquía eclesiástica pretende evidenciar y por supuesto, también, con cierto olfato oportunismo que se refleja en el silencio desconcertante de mucho quienes son llamados los "intelectuales costarricenses", que escriben siempre críticamente pero que en el momento decisivo optan por una ausencia calculada. ¿Con tanto timorato tendremos que enfrentar el nuevo siglo?